CUALIDADES
Lo que hace que una persona sea lo que es. Para el
liderazgo y para la comunicación hay que tener cualidades, como para
cualquier profesión.
Simpatía. Empezamos
por una cualidad que aparenta ser superficial, pero que no lo es. La
simpatía es simple y llanamente, el reflejo del alma, de la abundancia
de la alegría en el corazón. Es casi imposible creerle a un líder que no
irradia, no se le sale el entusiasmo por los poros. No se concibe ni se
acepta un líder mal genio, mal encarado, con neurosis facial negativa. A
un antipático, no lo sigue nadie. Porque la simpatía es el rostro de la
riqueza interior.
Sensibilidad. Es
inherente a todo buen comunicador la capacidad de comprender y
compadecerse. De sentir el mundo que lo rodea. De ser compasivo y
comprensivo. Incluso de manifestarlo, en contra de algunos patrones
culturales que inhiben la expresión de los sentimientos especialmente a
los hombres y más específicamente a los líderes. El sentimiento es un
elemento que hace al hombre más completo. Sentir es vivir.
Empatía. Capacidad de entender y ponerse los zapatos ajenos. Es escuchar
y comprender lo que los otros dicen, sienten, piensan. Es la capacidad
de ponerse en el lugar del otro. Por lo general, los hombres creen y ven
el mundo desde su propio ángulo, y la mayoría de las veces descartan
las otras oportunidades. La empatía nos permite llegar al otro sin
atropellarlo. Aceptar la diferencia, respetarlo. Nace del conocimiento del otro, de su interlocutor, de su público.
Carisma. Es el
magnetismo, la autoridad, la admiración que se despierta cuando un
individuo irradia respeto, interioridad. Es una fuerza de atracción que
no es fácil describir pero que se siente con evidencia y fuerza
arrolladoras. Carisma es la combinación de vida interior, prudencia,
sabiduría, simpatía. Es una cualidad de verdad escasa. Pero un hombre
con carisma es sin duda un líder en su campo. Es el carisma que
irradiaba Juan Pablo II o Teresa de Calcuta, o Mahatma Gandhi, o Jesús.
No se logra o manifiesta sin una intensa vida interior, espiritualidad.
Sencillez. Si se
quiere saber si alguien es verdaderamente sabio y valioso, veamos su
sencillez. Los filósofos, que se adentraron en el conocimiento y la
sabiduría no aceptaban a los orgullosos: “Sólo sé que nada sé”. La
sencillez es una manifestación de la sabiduría, de la profundidad del
hombre humano y espiritual. El orgullo es un cáncer que corroe el alma. Y
la gente, el común, rechaza al orgulloso y prepotente y admira y acata
al humilde.
Autoestima. Esta es
una cualidad sine qua non, para desarrollarse como ser humano integral,
como buen comunicador, como líder. Curiosamente es escasa dados los
planteamientos que la tradición ha plantado para nuestra cultura
religiosa. Hasta hace muy poco el hombre era una piltrafa, un gusano, un
ser despreciable. Además, se demostraba que mientras más se sufría más
cielo se alcanzaba en la vida eterna. Eso sí para amarse a sí mismo es
primordial conocerse a sí mismo. “Gnosce te ipsum”. Pero no hay duda que
el mayor desconocido para el hombre es uno mismo. Y entonces no se
desarrollan equilibradamente los otros amores. La autoestima está en la
base de la relación con los demás.
APTITUDES
Disposición natural o adquirida. Generalmente se deben a las dos
formas. Se nace y se hace. Es triste ver como a veces se nace con ellas
pero no se desarrollan. Hacerlas sin poseer predisposición para ello
es bastante difícil.
Observación. Un buen
comunicador, para serlo, tendrá que ser un excelente observador.
Percibirá el mundo que lo rodea con sus cinco sentidos y será capaz de
expresarlo también con sus cinco sentidos. El comunicador es una antena
receptora que capta hasta los detalles más insignificantes, los entiende
y los codifica. Sin una buena capacidad de observación será
prácticamente imposible desarrollar una comunicación efectiva.
Condensación. Es la capacidad para sintetizar lo observado, resumirlo o reducir a menor volumen. Es llegar a lo esencial sin blablablear, defecto fatal de nuestra cultura educativa, política y religiosa.
Abstracción. Capacidad de
generalizar y sacar conclusiones, de no andar por las ramas, de separar
y considerar aisladamente las cosas unidas entre sí. A veces es más
difícil que meterse a hablar de todo y de nada. La capacidad de
abstracción está muy unida a la brevedad, una de las condiciones
esenciales del buen comunicador.
Lucidez. Es la
facilidad de comprender y de relacionar. Esta aptitud es menos frecuente
de lo que se cree. A la gente, por lo regular hay que darle todo
masticado, de fácil comprensión, detallado o pegado con historias o
parábolas. “Para que entiendan”. La gente, con historias, se vuelve
lúcida.
Claridad. Expresarse
inteligiblemente y sin ambigüedad. No dar rodeos ni utilizar formas
alambicadas. Es llamar las cosas por su nombre. Usar los sustantivos y
dejar a un lado, en lo posible los adjetivos o pronombres y los verbos
compuestos. Usar un lenguaje entendible para el público al que va
destinado, en sus formas y sus ejemplos. Es no dejar dudas o confusiones
o lagunas.
Orden. El desorden es el pecado original de las palabras. Las ideas sin orden son blablablá.
Sin orden no hay claridad, no hay interés, se malgasta el lenguaje.
Las ideas deben estar claramente organizadas para que puedan entenderse.
Para ello es necesario, siempre que se va a hablar, hacer esquemas,
para que se organicen las ideas. Ideas sin orden hacen perder la idea.
Coherencia. Es la
capacidad de relacionar ideas y evitar la contradicción. Es resultado
de una claridad de pensamiento y de un esquema previo para hablar. La
contradicción y la ambigüedad , que son el contrario de la coherencia,
llevan a la confusión. En el caso de los líderes en especial, debe
existir coherencia clara entre las palabras y los hechos. Entre lo que
se vive y lo que se habla. El ejemplo es la mejor enseñanza.
Concisión. Es ir a
lo esencial, no divagar. Decir mucho hablando poco. Brevedad. Es
impresionante observar que en la mayoría de los casos sobra más de la
mitad de las conferencias. La concisión no es fácil, porque significa
una mejor preparación. La vaguedad, su antónimo, suele ser indicio de
una preparación deficiente. Es más fácil escribir largo que corto.
Precisión. Se
refiere al uso de un vocabulario claro y preciso. Llamar las cosas por
su nombre y de acuerdo con el vocabulario propio del público al cual uno
se dirige. A veces, por un falso ilustracionismo o por ser muy
“interesantes”, los líderes utilizan un lenguaje difícil,
incomprensible, poco claro y rechazado por su público.
Concreción.
Capacidad de relacionar los mensajes con la realidad, hacer el mensaje
verificable y tangible. No andar por las nubes, aterrizarlo. Para este
caso son muy recomendables las historias, las anécdotas, los ejemplos,
las comparaciones, las parábolas….
Dominio del idioma.
El orador debe dar ejemplo de un buen uso del idioma. Cumplir con las
normas de la gramática, la sintaxis y la ortografía. “Que hablemos bien
el español, HABEMOS pocos”, Recordemos que una de las riquezas del
español es su forma simple de estructurarse. Si cuidamos el uso
apropiado del sujeto, el verbo y el complemento (en ese orden) ya
tenemos un buen terreno ganado, sin abusar de los adverbios y adjetivos
que sirven solamente para enfatizar o describir pero que pueden distraer
u oscurecer.
Persuasión. Siempre
que se habla en público se tiene la intención de convencer o persuadir.
En este sentido, toda comunicación debe ser intencionada con claridad.
No tiene sentido hablar sin intención. Hasta callar debe ser
intencionado. Pero siempre, en la vida cotidiana y en la oratoria, la
intención de persuadir o convencer debe ser clara. Persuadir es hacer
que la gente crea en algo. Si no, son palabras vanas.
Motivación. Es
apelar a los instintos y sentimientos para motivar respuestas. La gente,
especialmente los comunicadores, le tienen miedo a los sentimientos.
Pero es muy importante hablar al corazón de los hombres. La motivación
genera respuestas. La misión del orador es entusiasmar al público. Hacer
que el público salga con un sentimiento claro de bondad, de hacer algo,
de actuar. Motivar es emocionar al público. Los discursos fríos logran
resultados helados. Comunicar bien, es motivar a la acción.
Creatividad. Esta
cualidad es especialmente escasa en el caso de la oratoria. Suelen
escucharse discursos que pudieron haberse pronunciado hace siglos.
Creatividad es búsqueda de nuevas maneras y formas. Es hacer que la
gente entienda, crea y se entusiasme para actuar de una manera
diferente. La creatividad es algo que se interrumpe con el ingreso a la
escuela. Solamente los hombres que no dejan desaparecer su creatividad
innata dejan huella. Los niños son creativos hasta que los adultos les
prohibimos y frenamos el desarrollo de tan importante aptitud.
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